Concluye este ciclo de celebración exterior por el centenario del Gran Teatro de Cáceres con una última jornada abierta a la ciudad. El edificio vuelve a abrir sus ventanas para dejar escapar todo lo que durante un siglo ha custodiado en su interior: música, teatro y vida. La calle se transforma de nuevo en escenario y el paso cotidiano, sin previo aviso, se convierte en un instante compartido de encuentro y sorpresa.
Este cierre no busca la solemnidad, sino un broche luminoso que mira hacia adelante. Porque tras cien años, el Gran Teatro no se cierra: se asoma, dialoga con la ciudad y vuelve a saludarla.